lunes, 26 de octubre de 2009

Melancolía

Frágiles son los peldaños en que me balanceo. Emociones encontradas confunden mi razón, y suspenden mi ser en la nada (el vacío es interno, está enmarcado, delimitado, protegido).
Yo, o mejor dicho, el solitario de mi, me encuentro en la nada, en la libertad plena, de reconocerse a si mismo y obrar, pero sin guía alguna y sin motivaciones.

Millares de estímulos sobrecargan de información nuestras débiles mentes, agotadas de una era en que se luchó contra las barreras culturales y las inhibiciones sociales. Hoy, que todos sonríen con banderas de “prohíbo prohibir”, estamos aturdidos, atontados en contemplación de las infinitas posibilidades, y sin fuerzas para alcanzar alguna.

Imágenes que en cálidas épocas fueron sepia, pasaron por el filtro de la “verdad”. Del blanco y negro, pero en nuestro tiempo, donde la felicidad está en el conocimiento, hemos encontrado el gris. Pero eso no basta, nos torturamos ubicando esta niebla humana en certezas ilusorias. Ahora, que no hay más preguntas, volvemos con anhelo al filtro del bien y el mal, pero es en vano. Ya hemos visto el sol al final del túnel, y no fue más que un vestigio de luz, reflejado en el agua al fondo de un pozo. Quizás la felicidad del conocimiento no está en la respuesta, sino en la búsqueda misma.

Allí me encuentro, preso de mi conciencia, figuras despojadas de forma humana aparente purifican mi santuario. Bestiales demonios se retuercen exorcizando traidores sin cuernos, no hay dorados ni blancos, porque la luz remite a la sombra, al túnel. Mi refugio es azul, infinito, complaciente. Una mueca forzada aparenta una sonrisa, los ojos intentan en vano mentir, la melancolía vuelve en una tristeza que no llora. Si un hilo de transparencia se escapa, es ley que muera de sed antes de tocar mi boca.

Un tejido azul, con dejos de sensualidad, hace las veces de telón, dando fin a la obra. Frío, calmo, profundo…Soy.

domingo, 25 de octubre de 2009

El Hombre Reciclado

“Esta paradoja cuyas últimas y más trágicas consecuencias padecemos en la actualidad, fue el resultado de dos fuerzas dinámicas y amorales: el dinero y la razón. Con ellas el hombre conquista el poder secular. Pero-y ahí está la raíz de la paradoja- esa conquista se hace mediante la abstracción: desde el lingote de oro hasta el clearing, desde la palanca hasta el logaritmo, la historia del creciente dominio del hombre sobre el universo ha sido también la historia de las sucesivas abstracciones. El capitalismo moderno y la ciencia positiva son las dos caras de una misma realidad desposeída de atributos concretos, de una abstracta fantasmagoría de la que también forma parte el hombre, pero no ya el hombre concreto e individual sino el hombre-masa, ese extraño ser con aspecto todavía humano, con ojos y llanto, voz y emociones, pero en verdad engranaje de una gigantesca maquinaria anónima. Este es el destino contradictorio de aquel semidiós renacentista que reivindicó su individualidad, que orgullosamente se levantó contra Dios, proclamando su voluntad de dominio y transformación de las cosas. Ignoraba que el también llegaría a transformarse en cosa.” Ernesto Sábato 1951



Somos “engranajes de una gigantesca maquinaria“. Descartables, descartados, emparchados, reciclados; a partir de lo indeseable y eternamente provisorios. Bajo constante amenaza de reemplazo, el hombre que ha nacido de las “cenizas”, de los despojos de otros hombres, se reinventa para poder seguir encajando en la gran máquina. Para ser un nuevo-viejo engranaje.

Este desolado ser deja de ser persona, para convertirse en cosa, en material de producción, y futuro desecho para el nacimiento de algún nuevo-viejo hombre cosa.


Ernesto Huevada De la Sarna, está cansado, atado, esclavizado por un sistema impuesto que lo consume, lo vacía. Ya no se puede sostener en pie, es una marioneta más. El recuerdo de algo que fue y los trastos reciclados a conveniencia de quienes aún lo invocan. En su centro solo un número de serie lo diferencia de la demás resabios del sistema. Remendado, los alambres sostienen su frágil cuerpo que de suyo ya no le queda nada. Donde puede se protege con más basura como si fuera su armadura, como si aún tuviera más guerras por luchar, como si aún pudiera remendar su existencia. La presión continúa y la luz no enciende.

Estéticamente la temática se inspira en una fábrica vieja, oxidada, destruida, la corrosión, la pintura saltada, de aquí nace la paleta de color. Los elásticos metálicos, pinzas y fierros, prestan sus morfologías. Se busca transmitir inestabilidad a partir de la utilización de diferentes puntos de tensión y no equilibrando el peso de las prendas. Líneas diagonales conviviendo con formas organicas y la falta de continuidad entre los diferentes planos, genera una sensación de fragmentación. Las tipologías pierden su aspecto habitual y se construyen a partir de un "rejunte" de piezas sin relación aparente que refiere a la vibración de lo efímero y cambiante.